publi ecoaldea72

Echa un vistazo a tu alrededor. A las noticias que cada día llenan los medios de comunicación, a las guerras que nos observan desde lejos, a la miseria que pasa por delante de tu puerta. Pero, sobre todo, echa un vistazo a tu vida. Analízala con frialdad, observándote desde fuera. Quizá seas una persona afortunada, feliz, que trabaja en algo que le apasiona y tiene intensos lazos de amistad y cooperación con sus amigas, vecinas y compañeras de trabajo.

Ojalá.

Pero lo habitual es que no sea así. La gran mayoría de las personas trabajan para sobrevivir, se dejan la piel en labores que no les estimulan, esforzándose para pagar las infinitas facturas de un sistema voraz que nos exige que poseamos tantas cosas que ya no sabemos qué hacer con ellas. De un sistema que nos roba el tiempo, la ilusión y la alegría de estar vivas, que nos impide dedicarle atención y cariño a los que más queremos, a nuestras hijas e hijos, a nuestra familia, a nuestras vecinas y compañeras de vida.

No hay tiempo, no hay energía: hay que trabajar. Producir, siempre producir.

Y, en la mayor parte de los casos, viviendo en un desierto de cemento y ruido decorado con luces de neón para que nos creamos que estamos en el corazón de la fiesta. 

Lo peor no es la escasez, el esfuerzo infinito, el miedo al futuro. Lo peor es la soledad. El individualismo despiadado con el que nos adoctrinan desde pequeños. Y no es casualidad...

La doctrina neoliberal ha sido ferozmente perniciosa, tanto para la humanidad en su conjunto como para el medioambiente. Lo sigue siendo. Su premisa básica encubre un brutal individualismo y la más desalmada rapacidad, y ha provocado un incremento sin paragón de las desigualdades sociales, ha convertido en multimillonarios a una reducidísima minoría y provocado el empobrecimiento de amplias capas de la población —de la mano de contratos basura, reducción de derechos laborales, trabajos temporales y deslocalización de empresas— y ha terminado creando el caldo de cultivo necesario para la aparición de una sensación generalizada de impotencia y fracaso: nos ha llevado a convencernos de que los gobiernos, los partidos políticos y los sindicatos, incapaces de frenar la ofensiva neoliberal, no pueden ofrecernos alternativas.

De ahí al resurgir de la extrema derecha hay un paso. Y ya lo hemos dado.

El neoliberalismo ha conseguido convencer a la mayor parte de la humanidad de que lo único importante es el beneficio, el enriquecimiento personal a costa de lo que sea. De quien sea. Ha podrido el cerebro de millones de personas, haciéndolas renunciar a sus mejores instintos comunitarios y sustituyéndolos por un individualismo atroz: sálvese quien pueda.

Nuestro sistema de vida nos conduce a un callejón sin salida. Vivimos en un sistema que está a punto de colapsar. Y lo malo es que no parece haber ninguna alternativa. Que esto es lo que hay.

 

 

Pero ¿es verdad? ¿O es solo lo que nos quieren hacer creer los que se lucran, ciegos a la extinción, con el sistema en el que vivimos?

En 2021, Laura y yo iniciamos un viaje que nos transformó la vida. Que nos la puso del revés y nos enfrentó a todas esas preguntas que permanecían en el terreno de los sueños y las quimeras:

 

  • ¿Es posible vivir de otra manera, poner el acento en otros valores, llevar una vida más plena, comunitaria, igualitaria y satisfactoria, en armonía con nuestra naturaleza básica, esto es, con el ecosistema?
  • ¿Hay alternativas viables a la vida individualista y deshumanizada que arrastramos?

 

El viaje, un recorrido por una docena de ecoaldeas de todo el país, fue apasionante. De descubrimiento y asombro, de dudas, de encuentros con personas y lugares extraordinarios, de sorpresas y hallazgos. Nos permitió entrar en contacto con un amplísimo movimiento mundial que desconocíamos: la Global Ecovillage Network, la Red Global de Ecoaldeas, que en España se organiza a través de la Red Ibérica de Ecoaldeas, la RIE.

Todo lo que vivimos durante esos meses te lo cuento con detalle en mi último libro de viaje, En busca de la utopía.

En busca de la utopía

 

Pero no es el momento de hablar del libro, sino de lo que ese viaje cambió en nosotras. O de los cambios más aparentes, al menos: muchos son demasiado profundos para resumirlos aquí.

En él pudimos conocer a cientos de personas que se esfuerzan día a día por buscar un mundo mejor, más ecológico y sostenible, una vida más colectiva y cercana basada en el apoyo mutuo.

Que lo han empeñado todo por hacer esa vida realidad.

Que han creado comunidades sostenibles y comunitarias, económicamente viables, en las que ponen el acento en el nosotras, en vez de en el yo.

Personas que se esfuerzan por construir alternativas de vida más solidaria y respetuosa.

Personas como tú y como yo.

 

Valdepiélagos

 

Te mentiría si te dijera que todas sus experiencias han sido exitosas. Algunas lo han sido, lo siguen siendo, muy por encima de las expectativas iniciales. Otras se han quedado en el camino, o siguen esforzándose por hacerlas viables. Con trabajo, mucho trabajo y compromiso, porque no es fácil desaprender el individualismo que hemos mamado desde que éramos cachorros.

De todo esto, de las experiencias exitosas y las que no lo son y, sobre todo, de las herramientas que utilizan las que lo han conseguido, te hablaré en futuras entradas de este blog.

Pero te iba a hablar de lo que ese viaje cambió en nosotras.

Comprendimos que vivir de otra manera es posible. Comprendimos que queríamos una vida más tranquila, más respetuosa con el medio y con las personas, que abrazara la diversidad y que se dejara llevar por el ritmo de las estaciones.

Y comprendimos también que queríamos vivir esa vida en comunidad. Porque los seres humanos siempre hemos sido tribu, pese a lo que nos han querido hacer creer. El ser humano es fundamentalmente generoso, no por altruismo, sino porque la generosidad es fundamental para la vida. Para el grupo.

Queríamos celebrar la vida, cuidar y dejarnos cuidar. Queríamos vivir rodeados de árboles, animales y plantas, cultivar la tierra y alimentarnos con productos sanos. Queríamos disfrutar del tiempo que tenemos sin imposiciones ni esclavitudes, celebrar el paso de las estaciones y crear con las demás.

Así que dimos el paso. 

Nos vinimos al rural ourensano, a una tierra hermosa como pocas, de bosques densos, prados que hacen daño a la vista y vida salvaje por doquier. Una tierra privilegiada, como ya casi no queda en esta Galicia torturada por el eucalipto, los incendios y la depredación neoliberal. Un paraíso de castaños milenarios, robles de cientos de años y corzos que nos contemplan con curiosidad cada mañana cuando salimos a pasear.

 

Bosque Lampaza

 

Construir una comunidad no es fácil, requiere desaprender y aprender muchas habilidades.

Pero qué quieres: nos sentimos vivas, muy vivas.

Lo vamos a conseguir.  Y te lo vamos a contar por aquí, paso a paso, por este blog. 

Aunque quizá estés buscando lo mismo y prefieras verlo con tus propios ojos. Si es así, ¿a qué esperas?

Buscamos gente como tú para crear nuestra tribu.

Escríbenos a info@loslibrosdelsalvaje,com, te recibiremos encantadas.

Pensándolo bien, la pregunta correcta no es la del título. Lo que de verdad deberíamos preguntarnos es: «Ecoaldeas, ¿una opción inevitable?».

Para nosotras, desde luego que sí.

¡Bienvenida a la tribu Salvaje!